Y así de vuelta al principio… el temblor pasó, los dolores van cesando y los signos vitales se estabilizan… y de pronto…
El silencio.... respiración entrecortada, pulmones débiles, alma débil.
Así empezó todo, como un molusco pequeño, débil y sin probabilidades de valerse por sí mismo… ¿cuál era la diferencia ahora?
La diferencia… tantos años habían pasado y parecía lo mismo de antes… no, igual no... era peor, es peor.
Al principio era un ser dependiente del mundo, susceptible, frágil… inconsciente… inconsciente e inocente.
Ahora era solo un cuerpo inerte, inválido e inútil…
Consciente
Consciente
Consciente…
El peor adjetivo que poseía, el peor castigo. Un ser perdido en un mar de consciencia, de recuerdos, de dolores y de vidas…
Nadaba, flotaba, se dejaba llevar, y aunque no se dejara el mar lo arrastraba… y no lo sentía, solo fluía, no había otra manera ya, sólo recordaba como fue que lo dejó fluir y como ese fluir la trajo hasta ahí…
-No vayas a huir como marica- le decía el tipo.
-Sí voy huir como marica- respondía ella entre risas.
Nunca había sido buena tratando de ser una mujer coqueta, ya sabes, de esas glamourosas que les gustan a los hombres, de esas que si parecen mujeres. Ella pensaba que la naturaleza se había equivocado y que en realidad debía ser un hombre, pero luego lo veía a él, y se alegraba de ser mujer.
-No tengas miedo, con que yo tenga miedo ya es suficiente, puedo temer por los dos- Y eso la hacía fuerte, se atrevía a decir lo que le diera la gana y sentía que no se arrepentiría nunca.
Así había iniciado todo, como un juego, un juego en el que parecía que el tiempo no surgía ningún efecto. Esa es una bella trampa, pero peligrosa, esa en que uno cree dejar todo fluir, ser libre, sentir que ha dejado atrás las premeditaciones y sólo nada sin rumbo fijo…
Y crees que debe ser tu día de suerte porque la corriente te favorece, el aire te impulsa justo hacia donde quieres y el sol parece estar a la altura perfecta.
Y entonces… el golpe en seco, directo al cristal, de frente y con fuerza, contención absoluta… creíste ser un gran pez en el océano, pero la verdad es que no eres más que un vil molusco encerrado en una pecera… una gran pecera, de ésas llenas de arena y piedras de colores, con plantas de plástico para que te sientas “como en casa” en tu “hábitat natural”… tan natural que todo es perfecto… iluso, como si en el fondo no supieras que no hay nada más antinatural que la perfección. Y aún así, el choque te sorprende.
Te encuentras con el final... repentino como un puñetazo directo a tu tabique… que ahora está roto y escurre con roja fluidez sobre ti… y eso es lo único que fluye realmente.
Estás al borde, llegas ahí y lo único que queda es regresar… al comienzo.
Nadar en círculos, dejarte llevar otra vez, sumergirte… y te sumerges tanto… las olas son dueñas de ti y te desorientan con esa suave espuma, la sal cierra tus heridas y poco a poco te estabilizas…
Regresas…
Renovación.
Amnesia.
Y lo ves a los ojos y te dejas llevar… fluyes…
Otra vez.
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