domingo, 30 de septiembre de 2012


Embriaguez

En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.-  Arthur Schopenhauer
Estaban ebrios, así fue como pasó… Ebrios de música y de letras, nada más.
Música y letras, las sustancias más fuertes, ¿tequila? El tequila se queda corto, el tequila es nada en comparación… 
Música y letras nos intoxicaron aquél día-tarde-noche; los mezclamos por si fuera poco. Muchos hablan de mezclar tequila y vodka, vodka y cerveza, whiskey y brandy… o todo junto, incluso algunas otras sustancias de procedencia dudosa. Alcohol con cualquier polvo extraño, aspirado o fumado;  tabletas o inyecciones, o lo que sea que pueda entrar en el cuerpo y altere los sentidos, eleve…
Nosotros fuimos más lejos aquél día, iniciamos nuestra intoxicación directamente a los sentidos, música y letras directos, sin intermediarios, atacando desde la raíz.
Música y letras, alucinógenos poderosos que actúan al revés, entran por los sentidos y salen por el cuerpo, se manifiestan.
Y sonaron los acordes, y la voz, las voces, las notas… se unieron y flotaron, inundaron el ambiente, los versos  bailaban al compás de la música, las letras susurraban a los extasiados oídos, penetraban… La razón comenzaba a balancearse también, a balancearse lentamente…
El oído endulzado con el anís de los versos, la vista nublada con el polvo de las cuerdas a cada rasgueo, el gusto mareado ya, por la mezcla de amargura de letras y dulzura musical… esperando por más. El tacto permanecía quieto, los pasos de las  letras le hacían cosquillas, la música empezaba a colarse por los poros que se dilataban a la espera… y el olfato fue el detonador, el aire mezclaba los perfumes bailarines, perfume La y perfume Mi se combinaban, el  aire adquiría una dulzura asfixiante, los sentidos se inundaban, se mareaban y se llenaban de todo… la embriaguez comenzó poco a poco a desbordarse… escurrió de los sentidos al cuerpo, recorriendo cada parte… de la música y las letras a los sentidos, de los sentidos al cuerpo y del cuerpo al otro cuerpo…
Y los cuerpos embriagados mezclan oído, olfato, vista, gusto y tacto… mezclan y se mezclan, gracias a los dos alucinógenos más poderosos del mundo, que lo controlan y lo hacen bello… que dan vida y ritmo, hacen bailar letras, cuerpos  y respiraciones; y en un instante, respiraciones acompasadas, latidos acompasados, rítmicos… una negra, un silencio de negra, una negra un silencio de negra, una negra un silencio de negra, negra, negra, negra, negra, silencio de  blanca, blanca, silencio de blanca…
Cuerpos acompasados, embriagados de música y letras… intoxicados.
Y despertaron... y recordaron todo... o nada, los estragos de la casi sobredosis, despertaron de la embriaguez y sin saber si fue un sueño.
Estaban ebrios, así fue como pasó… Ebrios de música y de letras...

Amar la Trama




Dos paseantes distraídos han conseguido que el reloj de arena, de la pena, pare, que se despedace y así seguir el rumbo que el viento trace. Ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, entrar y salir de fase…
La trama más que el desenlace, Jorge Drexler.

Desde siempre Azul ha sido una maniática de los desenlaces. Cuando lee alguna novela no puede evitar brincarse las páginas para así llegar lo antes posible al final de la historia. Sin interesarse mucho en la trama.
Todos le han dicho que debería ser lo contrario: “amar la trama más que el desenlace”, como dice la canción; pero ella remilga y en vez de saborear los procesos, los contratiempos, el “que tú que yo; que yo que tu”, Siempre prefiere anticipar el final. Eso de vivir el momento, sin conocer lo que nos espera finalmente, ella no lo concibe. Su teoría es que si uno no sabe lo que va a pasar, no tiene ningún chiste lo que pase en el transcurso… si besa apasionadamente la tarde de hoy, y mañana su chico no siente el mismo amor por ella, los besos se vuelven la maldición más desgarrante, piensa.
Esta cualidad en Azul, le quitaba cualquier porción de paciencia que pudiera tener por ahí escondida detrás de la oreja, ese lugar que ni uno mismo se alcanza a ver.
“Tarde o temprano la vida le va a enseñar”, pensaban todos los que la observaban; sus amigos, sus padres y hasta sus maestros. Solo ella no sabía que lo vivido no es más que trama, sin desenlace, aún.
En la cuestión del amor no había experimentado mucho, pues cada relación que iniciaba, lo hacía por presiones de sus amigas que le decían que no podía estar así todo el tiempo, que diera una oportunidad, y ella lo hacía. Nunca duraron más de dos semanas, ese transcurso le resultaba inquietante, no encontraba nada, no veía un final emocionante.
Así había sido siempre, hasta sus 21 años en que ella misma notaba algo extraño en su carácter. Había conocido  unos meses antes a un músico (no identificaba otro origen de aquel cambio).  Con él tomó un gusto repentino por el café y las salidas vespertinas a caminar. Advertía una sensación extraña, pero no sabía que lo que en realidad sucedía, era que con Óseamar empezaba a disfrutar el transcurso de una plática tranquila. Cuando fue a uno de sus conciertos, cosa más extraña: no quería que se terminara. Le parecía que la música era la única manera satisfactoria de no odiar la trama. Lo sabía, inconscientemente, claro.
Entre pláticas, cafés y caminatas, después de siete meses, Azul esperaba que él la sorprendiera con la canción que habían creado los dos. No había fallos, era el día. Ella estaba en casa pero hablando con él, que no había sabido disimular la sorpresa. Era noche, las 9:2_. Sabía que alguien iría por ella a casa y dejaría las tareas porque ese alguien la llevaría con los ojos vendados al espejo de agua que tendría veladoras y un piano que Óseamar estaría tocando y al terminar su canción, los dos confesarían la razón de los abrazos y besos que hasta ese día escondían.
Seguían escribiéndose. “No actúa pronto”, pensaba Azul. La incertidumbre de no saber el desenlace de aquel esperado deseo, comenzaba a asecharla junto con el miedo de pensar que quizá aquel revoloteo de mariposas en su vientre solo lo sentía ella y desde siempre solo ella.
Sin saberlo, anhelaba lo que antes no: la historia en la que ella y él fueran la trama eterna.
 Nadie llegaba, Óseamar no decía nada y Azul comenzaba a deshacer sus ilusiones para no toparse con dureza. Solo tenía la seguridad de algo: que él la quería con un cariño especial, pues nunca dejó de frecuentarla, siempre estaba ahí, atento, llamando, invitándola a amar el tiempo que en cualquier momento podría detenerse. A ella la encantaba; y en ese trozo de tiempo se dio cuenta de que ya no podía desengancharse de él. Estaba ahí.
 Era perceptible, a los sentidos de quienes los conocían, que los dos querían tener algo juntos. Algo que no sabían exactamente qué, pero que los hacía tomase de las manos y caminar por las calles sintiéndose unidos.
Azul; siempre desesperada, siempre impaciente, resolviendo sus encrucijados pensamientos, crucificándose ella sola y entristecida, se había quitado la idea de una sorpresa. Sin embargo él estaba preparándolo todo, con un poco de temor, paciencia y sin prisas. No era algo maravilloso como ella esperaba, no era una canción interpretada por él, no iría nadie por ella para llevarla al palacio donde el espejo de agua. Todo era más sencillo.
El plan comenzó a desarrollarse por parte de Óseamar y sus amigos a las 12:24am. Los separaba una distancia considerable, ellos terminaban de tocar en el Callejón del cariño y ella estaba en su casa, despierta, frente a su computadora. Y sí, camino a casa de azul iba.
En el trayecto le hicieron saber lo felices que estaban, pues veían en ella una posibilidad de que Óseamar encontrara un apoyo  cálido y lo mismo en él.
 En el estuche de su instrumento llevaba un pañuelo en el que le había escrito algunas palabras y que le daría en unos minutos. Aun no sabía la manera en que le haría saber su deseo, pensaba que quizá lo mejor era lo más sincero. Así que dejaría fluir la música.
Azul no se imaginaba nada de lo que sucedería en muy poco tiempo. En su ciudad se respiraba desde hacía unos meses un ambiente pesado, diariamente había muertes, diariamente el mal se escuchaba más que el bien y en un instante sonó un silencio amargo, acompañado después del sonido de varias sirenas de patrullas y ambulancias, cada vez estaban más cerca de ella.
Poco a poco se estremecía y se le helaba la piel como nunca. Disparos, y al final, un gran estallido. Afuera de su casa el movimiento era intenso, escuchaba voces desesperadas que no distinguía en un principio.
Después de asimilar aquella música, triste se asomó a su ventana que reflejaba la luz de las sirenas. Estaba ahí el coche de Óseamar. Con los vidrios rotos y los instrumentos en el concreto de la calle; piano y algunas partes de la batería. Su garganta se secó sin poder emitir siquiera un gemido, sus lágrimas corrieron extraviadas, no salió a la calle.
 Fue el desenlace más crudo de su existencia. Pasaron las horas y la mañana comenzaba a asomarse, el movimiento había cesado en la calle y la noticia estaba en todos los periódicos, programas de radio y televisión… Azul no veía ni escuchaba nada, era un alma inerte. Le escribía como si él le contestara cada mensaje, y así estuvo dos días, hablando con él sin hablar, escuchándolo sin escuchar, solo le quedaban los discos que le había regalado y su canción.
De pronto, en el sueño vio un pañuelo blanco que decía: <<DESPIERTA>>.
Eran las 6:00a.m. Cuando, bañada en sudor, Azul se despertó para ir a la escuela. Segura estaba que ese había sido el sueño más crudo entre los que lograba traer a su mente una vez despierta, ya que comúnmente, al amanecer no se acordaba de los sueños. Respiró profundamente y se tranquilizó, ya todo había pasado y había sido mentira.
Como de costumbre, antes de comenzar el rito de preparación para ir a estudiar,  abrió al azar su libro de cabecera del mes correspondiente, mayo, y leyó un dialogo cualquiera:
-Me gustas porque junto a ti puedo sentirme en la línea que divide el peligro del refugio- le dijo Lucas entre sábanas.
A lo que Estela respondió: - Porque te beso y me sabes a gloria, y dejo de besarte y me sigues sabiendo a gloria que sé, de antemano, que puede terminar algún día.
-Cualquier día: ahora, mañana o nunca. Eso también es posible.
- Sí, lo es. Que jamás crucemos la línea hacia el peligro de encontrarnos como nunca nos hemos visto, ausentes uno del otro y con retales de alegrías descalcificadas…- Le respondió con tono melancólico.
- Todo esto es cierto, pero ahora no importa Telita. Junta más tus pies a los míos porque tengo frío.
Azul concluyó:
 -Hasta nunca, desenlaces.



Dalia García.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Volver

Quisiera haber nacido inadaptable
haber empezado solo
habiendo sido poco amable
y solo seguir solo

Haber nacido inepto para el amor
y deforme para el ojo
humano del dolor
que en mi espalda acojo

Algunas veces quisiera morir
dejar el dolor a los vivos;
como quisiera poder ir
y regresar con alivio

Pero ya es muy tarde
ya se hizo de mí
mi mente y me arde

Cuando mama se preocupa me dice
no jugar con fuego no quema
no toques flama que se agudice
que no vea mas dilema

Como habría que volver a empezar
como dibujar esa línea
como destruir el altar
y toda la idea idónea

Empezar ciego, empezar desvelado
empezar cansado, empezar en el hado
empezar lento, empezar desdichado
dejando todo de lado

Pero ya es muy tarde
ya se hizo de mí
mi mente y me arde






martes, 11 de septiembre de 2012

Principiante Infinito



Y así de vuelta al principio… el temblor pasó, los dolores van cesando y los signos vitales se estabilizan… y de pronto…
 El silencio.... respiración entrecortada, pulmones débiles, alma débil.
Así empezó todo, como un molusco pequeño, débil y sin probabilidades de valerse por sí mismo… ¿cuál era la diferencia ahora?
 La diferencia… tantos años habían pasado y parecía lo mismo de antes… no, igual no... era peor, es peor.
Al  principio era un ser dependiente del mundo, susceptible, frágil… inconsciente… inconsciente e inocente.
Ahora era solo un cuerpo inerte, inválido e inútil…
Consciente
Consciente
Consciente…
El peor adjetivo que poseía, el peor castigo. Un ser perdido en un mar de consciencia, de recuerdos, de dolores y de vidas…
Nadaba, flotaba, se dejaba llevar, y aunque no se dejara el mar lo arrastraba… y no lo sentía, solo fluía, no había otra manera ya, sólo recordaba como fue que lo dejó fluir y como ese fluir  la trajo hasta ahí…

-No vayas a huir como marica- le decía el tipo.

-Sí voy  huir como marica- respondía ella entre risas.
Nunca había sido buena tratando de ser una mujer coqueta, ya sabes, de esas glamourosas que les gustan a los hombres, de esas que si parecen mujeres. Ella pensaba que la naturaleza se había equivocado y que en realidad debía ser un hombre, pero luego lo veía a él, y se alegraba de ser mujer.

-No tengas miedo, con que yo tenga miedo ya es suficiente, puedo temer por los dos-  Y eso la hacía fuerte, se atrevía a decir lo que le diera la gana y sentía que no se arrepentiría nunca.

Así había iniciado todo, como un juego, un juego en el que parecía que el tiempo no surgía ningún efecto. Esa es una bella trampa, pero peligrosa, esa en que uno cree dejar todo fluir, ser libre, sentir que ha dejado atrás las premeditaciones y  sólo nada sin rumbo fijo…
Y crees que debe ser tu día de suerte porque la corriente te favorece, el aire te impulsa justo hacia donde quieres y el sol parece estar a la altura perfecta.
 Y entonces…  el golpe en seco, directo al cristal, de frente y con fuerza, contención absoluta… creíste ser un gran pez en el océano, pero la verdad es que no eres más que un vil molusco encerrado en una pecera… una gran pecera, de ésas llenas de arena y piedras de colores, con plantas de plástico  para que te sientas “como en casa” en tu “hábitat natural”… tan natural que todo es perfecto… iluso, como si en el fondo no supieras que no hay nada más antinatural que la perfección. Y aún así, el choque te sorprende.
Te encuentras con el final... repentino como un puñetazo directo a tu tabique… que ahora está roto y escurre con roja fluidez sobre ti… y eso es lo único que fluye realmente.

Estás al borde, llegas ahí y lo único que queda es regresar… al comienzo.
Nadar en círculos, dejarte llevar otra vez,  sumergirte… y te sumerges tanto… las olas son dueñas de ti y te desorientan con esa suave espuma, la sal cierra tus heridas y poco a poco te estabilizas…
Regresas…
Renovación.
Amnesia.
Y lo ves a los ojos y te dejas llevar… fluyes…
Otra vez.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Génesis como final.

Y entonces empezó, no sabe cuando, el cómo y, aunque tiene pistas, es difícil el saber el por que. Pero eso no le importa, porque este mecanismo ya empezó a girar y está diseñado para no detenerse. Todo comenzó con un plan que el no esperaba, una fiesta, de alguien que no conocía en un lugar que desconocía, supone que eso era lo interesante, pues lo desconocido fascina, atrae, con cierto temor sí, pero acaso el temor no es una de las emociones más fuertes? si pudiera elegir las dos más importantes sería el temor y el amor, uno genera al otro, cuando se ama alguien se dice que se olvida el temor por un instante, tal vez sea cierto, sin embargo, siempre hay un temor a un final, de una u otra manera. El temor de morir es muy fuerte, aunque él no lo ha experimentado, lo supone, no es el temor a la muerte si no el temor a no ser recordado, a que toda una vida se vuelva efímera sin dejar nada, unos podrán decir que morirían por alguien más, el temor da una fuerza e impulso sorprendentes, genera amor por la vida, por sobrevivir, por que alguien más sobreviva, sea feliz.

Pero bien, regresando a la fiesta, él tenía una emoción muy fuerte hacia algo que no identificaba, no se sentía bien, cómodo, pero la luna y las estrellas lo miraban ansiosas aunque él lo desconociera, ansiosas por un final. Un rato agradable en compañía agradable, que más se podía pedir? en ese momento pasaban muchas ideas por su cabeza pero todas demasiado simples o tontas como para tener relevancia en este escrito. Él piensa que todo es ambivalente, de hecho él sabe que todo es ambivalente, las fortalezas son debilidades disfrazadas, Los talentos inútiles se vuelven importantes. Él sabía que lo que sentía era una mezcla de todo eso hacia una persona tanto como así mismo y a lo que sentía en sí. Si se preguntan por qué persona es algo que sólo esa persona y él deben de conocer, lo único que puedo decir es que ella lo atrae, lo encanta y el hecho de sentir su mano entre la de él es algo maravilloso, sus labios tan suaves, cálidos, sublimes... él sabe que describir es delimitar, ¿por qué clasificar algo como maravilloso, encantador, lindo, etc., si puede ser -o llegar a ser- más grande que estas palabras? El decir que la imaginación humana no tiene límites se está volviendo una mentira, todo lo clasificamos, lo describimos, LO LIMITAMOS. Acaso sublime es lo más importante y bello que podemos decir? él sabe que sin estos conceptos sería difícil y complicado expresarse, pero ¿hasta ahí llega nuestra expresión? hasta lo sublime? en nuestro afán por expresarnos limitamos la expresión misma porque si "Amor es sólo química y somos libres de darle significado", entonces, él cree que no deberíamos de limitarlo a algo sublime. Dice un buen amigo que "cada segundo es un génesis", no puede contener más verdad esta afirmación, pero también cada segundo es un desarrollo, un final, un cúmulo de todos éstos en todas direcciones, porque todos tenemos una dirección que crear y seguir, la vida no es más que colisiones de diversos seres que tienen un rumbo cambiante, inicios, desarrollos y finales. Por supuesto que los inicios son emocionantes, el génesis es algo interesante y generalmente misterioso, el saber como empezó le parece a él más importante para lo que viene después, el lo considera aún más importante que el desarrollo, pero, hay una parte que generalmente a todos les molesta, quedan insatisfechos, el final. Él sabe que la distancia por recorrer en su dirección zigzagueante aún es muy larga e incluso si ésta no lo fuera aún no es tan delimitada, por lo menos en lo que respecta a lo que conoce pues aún le faltan colisiones que vivir y finales que sentir. A él le fascinan los finales, si él tuviera que elegir entre algo, elegiría un final, porque él sabe que un final es un inicio, un desarrollo de algo tal vez más grande y complejo que en ese momento no entenderá pero que seguramente está ansioso por ver.

"... Entonces, desués de que te despides te das cuenta que su olor se quedó en tu ropa..."

Monólogo sobre el amor, el génesis y lo eterno

Me gusta mirarte como si fueras una pregunta. No una de esas inútiles que estudia la filosofía, sino una difícil, un problema, un rompecabezas verbal, de verbo, de carne, al principio era el logos. Me gusta mirar y tratar de adivinar todo, pensar qué piensan tus manos, a dónde se dirigirán tus ojos, tus neuronas, tus pies al abandonar la estancia; con un amante, un amigo, una familia. Y de pronto la incertidumbre me ahoga, como un mar de almas de preguntas que nunca te haría en voz alta, que me jalan al fondo, al abismo de la cobardía.
Y de pronto escribes algo en una libreta, y de pronto hablas y no entiendo nada, y sin saber, sé algo mas de ti: que no eres común; la pregunta se reduce, me hago erudito, comienzo a serlo, todo empieza desde cero. Bang, el mundo; 0 km/h, un accidente; una semilla, un árbol; una costilla, Eva en camisón; un óvulo, todos. Somos ceros, todo fue ceros. Yo fui nada, y no tenia respuestas a ti, pregunta. Luego sumo, pero se que una respuesta nunca esta completa, siempre hay algo que agregar, otra pregunta, otra respuesta, otra mirada rápida  otro sueño, otra tu, otro yo, otro tu y yo caminando por la noche. Suena bien la otra realidad, otro pre-inicio, porque tiene que haber algo antes del inicio; los inicios deberían empezar por algo. Tú, yo, apenas nos dirigimos la palabra, nada mas allá del buenos días de salón, el adiós de estacionamiento, sentados, juntos pero separados; tu pensarás en algo que yo, dos sillas lejos, no sabré, y yo pensaré en mi ignorancia, en mi ignorancia de ti, en que tu eres pregunta y yo, tal vez, no sea respuesta.
Y el amor ¿porque empieza? una mirada, una palabra, deseo, coincidencia. Si es por la mirada, yo ya te quiero y tu has decidido no corresponderme, porque tus ojos... ¿Que miran tus ojos?. Si es las palabras, soy torpe y jamas podrías enamorarte de mi. El deseo... no. ¿Coincidencia? Coincidimos, a veces. ¿No es eso suficiente? ¿No deberías empezar a quererme solo porque nos hemos hallado en casuales lugares, a casuales horas y en casuales compañías? R= No. El amor nunca es coincidencia, tampoco conveniencia. Si acaso convivencia. Si tu aceptaras salir conmigo ahora, habría mas posibilidad de algo, que si solo llego un día y te digo palabras que te harán mirarme, y creer que quizá no he dormido bien, que he esnifado alguna sustancia. Ansia. Ansía.
Y cuando termine mi monólogo, caminarás a otro lado y jamás empezaremos; seremos un principio sin empezar, y al mismo tiempo un final. El alfa y el omega. Y que no te conozco, y que es muy pronto, que no es hora, es media hora temprano. Mírate, siempre es hora pero nunca es tiempo, llevo toda mi vida de conocerme y apenas hoy me vi al espejo y te vi en mis ojos, incrustada en el alma (y esto no tiene nada que ver pero apenas hoy noté el cuadro de lunares del que tanto hablaba Lorena). Y que el pre-inicio debe ser tan largo, tan infinito, que nunca llegue el principio, el génesis, que nunca tus dedos se entrelacen con mis dedos, y mis dedos jamas se entrelacen con tu cabello, y la piel, y la saliva, y los ojos... los parpados jamás se interpongan entre el beso a plena luz, y las platicas a oscuras.
Y yo pienso, y de pronto te levantas, y de pronto es suficiente de esperar, y creo que si aguanto unos segundos mas, caeré en el limbo del olvido. Abismo. No se que fuerza me impulsa, la fuerza del génesis que me pide a gritos comenzar, destinado al final, porque todo lo que empieza firma al mismo tiempo su contrato de muerte, y lo que nunca empieza es un triste y olvidado aborto. El amor cuando no empieza es solo eso: olvido, pero es igual cuando termina. Y te sigo, casi sales por la puerta, casi te pierdes en la vastedad del adoquin, del muro de piedra que se alza viejo, y te toco el hombro, y te pregunto, con palabras mas simples, no si quieres comenzar, sino si estas dispuesta a pelear contra esa ley de la naturaleza que dicta que todo lo que empieza debe terminar, porque el amor es un intento de eternidad, y somos eternos mientras amamos. "Oye, ¿Quieres ir por un café o algo?"
¿O algo? vaya que eres elocuente Govea. Sin embargo, te tomas tu tiempo y sonríes. Luego te miro como si fueras una pregunta.Yo, yo que aun no te comprendo. Sonríes. ¿Qué carajos significa eso?